jueves, 13 de noviembre de 2014

Publicación "aniversario". Hoy mi blog cumple seis años en el ciber espacio. Un poco desatendido y relegado (cosas del facebook y otras) Pero estamos. Y vale



"Los tiempos comunes eran breves pero intensos. Andábamos las calles de nuestras comarcas, con enlace de brazo y cintura perfecto en su encastre. Tomábamos tragos en los bares. Recorríamos las veredas de regreso a nuestras casas. Y allí las charlas, los ojos en los ojos, cuando conjucionábamos camaradería, confidencias, música…. Las copas quedaban vacías brilladas por las velas cuando el deseo. Y entonces nos concurríamos. Al principio torpes, inexpertos del otro…, luego los aprendizajes. A veces disimuladas demoras para que luego fuera más. Al fin nos adentrábamos como devotos a los templos siempre restaurados de nuestros deseos. Nos íbamos y veníamos sin rutas prefijadas. Pero siempre las ceremonias majestuosas del amor apenas sucumbían al sueño mucho después de lo  previsto.

Así junto a ella mis manos se volvían imperantes pero tiernas modeladoras de su cuerpo. Allí sus “ojos de samba” iluminaban la penumbra cuando ella sobre mí. Vencimos cansancios y previsiones. Nunca fue basta hasta que solo el sueño podía con el deseo.

Hoy me estoy suspendido en el recuerdo. Y todos los soles estallados se han reducido apenas a lentas fumarolas que emergen de esta tierra yerma de mi sola piel.

Hubo un antes y un después de.

Viejo lobo de mar, experto en supervivencias, amarré mi vida a las cosas cotidianas, a conciencia que este “después de” será el antes de algún porvenir, por cierto imprevisible.

Pero nada ni nadie ni ninguna cosa volverá a ser “como”.

Dicen los físicos que el Universo se expande. Quién sabe cuánto tardan los soles en  morirse."

 

Rodolfo Augusto Nasta
(fragmento)


(imágen tomada de la web con reserva de derechos de su autor)

miércoles, 13 de noviembre de 2013


 


La exposición

Recorrió lentamente todos los espacios de esa extraña muestra Las paredes parecían deslizarce hacia el piso de lustrosas alfajías. Las luces eran exactas. Los contrastes definidos. Todo estaba en orden allí. Algún discurso precedió, sin aportes, la apertura de la muestra. ……………………………..
Él, curioso, recorrió lentamente con su vista todos y cada uno de los objetos allí expuestos. Todo era una confusión perfectamente orquestada. Estuvo horas allí dentro solazando la vista, el tacto y el espíritu. Después decidió buscar fuera el alivio del ansiado cigarrillo.
La charla amable lo llevó a la pregunta “¿Por qué no hay ningún sentimiento en tan diversa y maravillosa exposición?”. El portero, cansado o aburrido apenas dijo como quién se dirige a un indigente: “Pero no mi amigo…, los sentimientos no se exponen”

Se volvió cabizbajo hacia su casa. Abrió la puerta y olor familiar lo recibió en el acto. Meditó: “La pucha, así que sólo aquí dentro puedo disfrutarlos”. Le pareció una idiotez indescifrable y se sentó a fumar, tranquilo bebiendo su copa cristalina. Volvió a decirse “Es una lástima”. Y se quedó dormido

Paraná, 29 de junio de 2012
(de la "no exposición” incomprendida hasta el absurdo intento de la palabra)

miércoles, 24 de julio de 2013

- Ellos... -

Fueron las vanguardias,
las copas de champán,
caricias apenas demoradas,
besos exploradores…
Luego vendría la invasión
manos ansiosas
y papilas buscando
los sabores.
Todo empezó a arder,
cuando ella susurró
“¿Probamos…?”

Después de,
nada volvió
a ser igual.
Atrás quedó
un campo de batalla
plumajes que no usaron
la inútil fibra del ropaje
y fueron los más y más,
y otra vez
siempre.

Una copa rota
acaso presagió algo
que ellos no sabían.
Y así siguieron
los nunca no
los todo sí.
El amor
o sea
toda ella
todo él.


Rodolfo Augusto Nasta
Paraná, un día del 2012

viernes, 16 de noviembre de 2012

Buceador

Buceador de tus cuencas
me arrojo con mis manos
apartando corales
desmenuzando algas
buscando los refugios
más profundos.

Te transformas
en explosión de burbujas.
Emerjo lleno de vos
y tu olor marino
me genera la magia
de alcanzar el cielo.


Rodolfo
En cierto mar, en ciertos momentos
Marzo de 2012.

martes, 13 de noviembre de 2012

- ACASO... -

Tal vez
se enamoró de la mujer
que no debía.

Ella dedicó los mejores
espacios de su vida
a forjar un futuro
sin desvelos.
Y así quedaron huérfanos
los tiempos
que el amor requiere.

Hoy
ella vive aquél futuro
y acaso está segura.
Más es sola
y desganada su alegría.
No es tibia la morada
que ya no es compartida.

El tiempo pasó con su porfía.

Tal vez él siga
enamorado de ella
o recuerde acaso
cuanto la quería.

Mas el tiempo pasa en su porfía...

domingo, 24 de junio de 2012

- El vuelo inmóvil -

Con la música llega rondando despacio
alguna imagen, acaso un recuerdo
fotografiado en la memoria.
La vida afuera toma los sonidos
del Sábado a la noche.
Voces sin frío, juveniles
y motores sin sigilo ni prudencia.
Yo me bajo deslizando la pared,
apenas sombra o desmesurada audacia,
por el frente de mi torre.
Diez pisos o diez suelos o diez vuelos…
No importa el tiempo
ni la luz de la inmutable lámpara.
vertebrada en la paredes
Esquivo el pensamiento rutinario
y voy a pernoctar en otro espacio.
Mahler me lleva de su mano sinfónica
y me quiebra esta tontería
de quedar mirando mis espacios
con ojos casi ciegos
y desde la vertiginosa acera
levanto vuelo hasta tu pecho.


Rodolfo
Al correr de las teclas
Hoy, Sábado 23 de junio de 2012
en Paraná

viernes, 22 de junio de 2012

- EL ÚLTIMO INSTANTE... –

¿A quién mirarías en el último instante de tu vida?
¿La imagen de que ser quisieras llevarte contigo en la retina
que quedará ciega en las tinieblas... ?

¿A quién besarías en el último instante de tu vida?
¿El sabor y roce de qué labios quisieras conservar
en tu postrer sonrisa detenida e inmóvil... ?

¿A quien su mano tomarías en el último instante de tu vida?
¿La tibieza de que tacto quisieras sentir entre tus dedos
ya casi adormecidos de rigidez final...?

¿A quién evocarías en el último instante de tu vida?
¿El recuerdo de qué ser acudiría presuroso a tus neuronas
en su última eléctrica vibración...?

No puedes contestarlo.
No puedes elegirlo.
No quisieras saberlo.

Sería la angustia total e irremediable
de saber de antemano
el momento de tu muerte.

Seria la alternativa desgraciada
de tener que elegir
entre tus hoy queridos,

y plantearte en el instante
si serán los mismos que acompañen
tu último suspiro, tus últimos instantes.

No temas:
nada te asegura morir acompañado.


Rodolfo Augusto Nasta
de la serie “Dulzura e ironías”

martes, 6 de marzo de 2012


- De cuando dieron setenta y un días de ventaja … -

En un lado del mundo, el día se desperezaba apenas con un sol oblicuo alumbrando ajenos horizontes.
En el otro lado, la luna levantaba rielando su disco celeste sobre el viejo río conocido.

Entre cada uno de los lados sólo había medio giro terráqueo. Sólo había la infinita soledad de los cuerpos. Apenas una débil trama de evocaciones crecía en el espacio en un intento desesperado de unirlos.

Ella no lo supo nunca. Sus ojos buscadores de otros cielos no vieron caer la estrella fugaz. Allá era de día…

Hicieron la apuesta equivocada.
A la muerte no se le puede dar ventajas.



Rodolfo Augusto Nasta
Paraná, 27 de septiembre de 2011.
En una mesa de un bar “del lado de acá”.


Acotación sin importancia: fue conjurado el sortilegio al amparo de los ojos en los ojos cuando giraron en un mismo meridiano nuevamente...

domingo, 8 de enero de 2012

Cuando se siente la ausencia



Si se reuniera todo lo escrito sobre la ausencia, seguramente se lograría una gigantesca colección de gruesos volúmenes.
Algunos escritos míos figurarían quizá en tan extraña antología.
Pero hoy, en este enero del año 2012, a mi veterana edad cronológica, y en mi sensible visión de la vida, quizá un tanto más adolescente; hoy, yo digo, afirmo, que sobre la ausencia no se puede escribir.
Quizá se puedan des-cribir ausencias. Las de las novelas románticas. Las de amorosas crónicas de los largos viajes en la antigüedad. Acaso de cuando se nos perdió, allá en la infancia, nuestro perro a quién amábamos.
Pero la ausencia que se vive desde adentro. La de “otro-que-no-está”…, esa es imposible.
Podría estar horas enteras frente a mi computadora escribiendo. Seguramente lograría con mi veteranía en este oficio de escribidor, llenar varias páginas de desgarradores lugares comunes. Puede alguien descreer de esto, y hasta respeto esa opinión, pero basta con ponerse a observar un día cualquiera de transcurrir una ausencia y seguramente nos damos cuenta de que es imposible escribir sobre ella.
El no-estar nos acompaña como nuestra respiración, en un acto tan involuntario como necesario.
El primer bostezo de la mañana. El desayuno mirando la sola taza sobre el mantel. El resto de las actividades del día, con ese gnomo irónicamente juguetón que nos habita. Lo llevaremos al bar, a la casa de generosos amigos. Irá en nuestro interior cuando salgamos a hacer cosas que lo sofoquen. Es inmune. Ahí va a estar, nos guste o no.
A transar entonces en esa convivencia con la ausencia. A hacer pactos de no agresión. Será parte de nuestras cotidianas acciones y se irá acostumbrando a este raro estar en nosotros. A la vez, en nuestro interior deberemos buscarle un lugarcito cómodo. No se puede hacer más
Pero algo es definitiva y fatalmente cierto: no podré escribir sobre ella.
Se asemeja a mis entrañas. Las siento, pero no las veo. Nos necesitamos mutuamente: ellas para ser contenidas por mi cuerpo y yo para vivir con ellas dentro.
Me quedo pensando… Quizá el silencio sea su mejor relato.


Rodolfo, Córdoba, 03 de enero de 2012.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Como me veo hoy como escritor...(o una forma de rememorar el nacimiento de mi blog)

No es fácil reclamarse a sí mismo la obligación de definirse. Si realmente fuera escritor se supone podría hacerlo con soltura.

Distintas etapas meditativas sobre el supuesto escritor que soy, en caso que lo sea, cosa que dudo. Terco ensuciador de hojas, o sea depredador de bosques; contaminador del medio ambiente, con chatarra electrónica. Al menos pienso que al otro medio ambiente restante no lo contaminaré sino que le voy a dar abono. Diría mi amigo Spinoza, transformaré esta materia que soy en otra, quién sabe con mayor potencia creadora.

Antes era el papel, tinta y sueños. Hoy es teclado, el “guord”. Y los pensamientos alineados. Alineados como soldaditos de plomo, estucados por los ocres colores de las cuentas a pagar, la mutual que no funciona, el cuerpo que rezonga.

A veces se me ocurre que hoy miro el paisaje de mi vida de forma diferente. Cuando “más” joven, me apostaba en altas torres desde donde divisaba casi hasta el infinito cualquier cosa. Luego me instalé tras amplios ventanales contemplando la inmensidad de mis paisajes. Hoy, de día, miro desde mi reino de propiedad horizontal, rectángulos de rio e islas a lo lejos. De noche, copa en mano, y el no recomendado delicioso cigarrillo, abro sigiloso un ojo de buey a mis adentros. Y allí, y sólo a veces, puedo contar lo que creo ver.

Siempre el amor tuvo algo que ver con lo que he escrito. Y el amor en mí está hecho por todas la mujeres que amé, y también por aquellas que me han desamado. Jodida cosa esta, donde los sueños se van encogiendo hasta que algún día quepan en una caja de madera necrológicamente ornamentada. Pero entonces ya no va a importar.

Quisiera escribir menos y decir más. Relatar mi paisaje urbano pegado al río. Amo la mesa del bar tanto como le esquivo a la incomodidad de las hormigas bajo un sauce, que a tantos de mi entorno inspiran. Es mucho más confiable ese pequeño mar de madera aromado de café. En el me siento esencialmente yo. Mirando los rostros que pululan dentro, imaginando historias, suponiendo encuentros, en caso que tuviese el valor de proponerlos. Me quedo en mi silla. No se puede fumar en los bares de esta ciudad de mierda. Los pasos tranquilos me devolverán cuando sea tiempo a mi hogar de las alturas. Y a la noche insistiré en espiar por ese ojo de buey, mientras la suave ginebra acaricia mis labios (como si fueran los suyos), la música me llena (como si fueran sus brazos), y el tabaco me consume como si fuera la brasa que busco hace años para incendiarme en ella. Cuando me aburro me voy a dormir.

Y como diría (o dijo) Benedetti, “resumiendo, estoy jodido y radiante… y viceversa”.

Fin.
Se terminó el café.
En una mesa frente a la mía hay una señora con cara de nada que no ha dejado de observarme, curiosa de ver a alguien escribiendo. ¿Qué pensará? Quizá que soy un pobre tipo que huye del insoportable quilombo de su casa para escribir tranquilo en el delicioso quilombo de un bar. O acaso me piense un digno discípulo de Vinicius De Moraes. No sabe, ni sabrá, qué es lo que me mueve a luchar hoy con mi intelecto. Se irá a su casa con la duda. Quizás eso le llene el tedio de su rutina cotidiana y le ponga una pizca de incógnita en su mustio rostro.

Si así fuera, este intento de escribir tendrá sentido.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Un libro como tantos otros...



Parecía a simple vista un libro como tantos otros.
Nada era llamativo en su diseño, en su gráfica.
Según sabía se trataba de una novela de trama intrigante y atrayente.
Pidió un café y se puso a indagar las páginas, con la perezosa complacencia que da el placer de la buena lectura. Lástima, ya no se podía fumar en aquél bar…
Comenzó con el ritual de encontrar en la solapa los datos del autor. La contratapa le develó apenas la trama de la historia. Cumplidos esos previos, se preparó al fin a bucear entre las páginas.
Algo sucedió entonces…
Poco a poco las letras de molde comenzaron como a desvanecerse sin razón alguna. Los primeros párrafos comenzaron a dispersarse ante su vista. El atisbo de la historia fue perdiendo resonancia en su intelecto.
Algo sucedía. Sólo atinó a recorres las páginas con un leve roce de sus dedos. La realidad del entorno lo separaba de la idea de estar ciego. ¿Pero entonces…?
Un leve aroma se mezcló con el resabio de la ya vacía taza del café. Una fragancia apenas insinuada. Quedó a solas con el libro entre sus manos.
De pronto, lentamente, comenzó a leer aquello que sus ojos no veían. Lo paginó con un éxtasis casi impropio de su edad. En un momento dado fue todo tan nítido, tan claramente revelado que casi tuvo miedo. Pero era un miedo dulce y apacible como una buena noticia demorada.
Entonces supo que ese no era el lugar adecuado. Pagó la cuenta y marcho hacia la calle con el libro bajo el brazo, apretado a su costado.
Apuró el paso. La calle se llenaba de crepúsculo.
Rato después, en su lugar de siempre, con solo el silencio como toda compañía, volvió a abrir el pequeño volumen.
Allí supo la llave del misterio.
Ella estaba en esas páginas. Por allí habían pasado sus manos de ávida lectora. Y su táctil e invisible huella perduraba. Seguramente en prolongada vigilia, había recorrido aquellas páginas. Y un dejo de su perfume las llenaban todavía.
Se quedó dormido finalmente libro en mano, teniendo las de ella entre las suyas; respirando en un semisueño imaginario la levedad de su perfume.
Nunca hubiese querido ser ciego. Pero en ese momento no le habría importado.


Delirio de bar con “su” libro o con ella, quién sabe…
Paraná, 23 de febrero de 2011.

lunes, 27 de junio de 2011


Raro el milagro de tus ojos
en la pantalla casi adivinados.
Levantas la mirada y tu esencia
me llega en bytes a cientos de kilómetros.

Tanta vida vivida sin saberte…
Tanto sueños sin soñarte…
Tanto camino recorrido sin tenernos de la mano.

Y un día… ¿Serás vos?
Y sí, eras vos. Era yo.
Y allí comenzamos a estar.

La misma noche que te fuiste
a dormir tu cansancio,
un duende o ángel de la guarda
nos desveló al unísono.
Compartimos esa primera vigilia
en relatos casi adolescentes.
Algo cambiaba.

Hoy apenas nos llegamos
en un juego audiovisual
de besos y sonrisas;
de “no te vayas todavía”,
o “¿dónde estabas que no se te veía?”

No sé “qué” eres, y allí estás.
Y yo aquí, años frente a un monitor,
pucha,
y al final del camino te apareces.
lejanamente ansiada.
Refunfuño alguna palabra inconveniente.
Me dejo estar mirando el río
pero el rabillo del ojo me traiciona
y busco tu “¿Estás…?” en mi pantalla…

sábado, 30 de abril de 2011

Ironía...



Alegría de soplillo
tan brillante
tan frágil
tan hueca
tan efímera.


Rodolfo Augusto Nasta
Paraná - 2011

martes, 12 de abril de 2011

"Y el amor..."


Siempre fue igual el juego del amor."…El milagro de existir… el instinto de buscar…” La vida a contramano en las veredas. Rayuela de empujar la piedra y encomendarse a dios que caiga en el casillero adecuado.
La lluvia acaricia los rostros pero borra el dibujo de tizas de colores. Transitamos las distancias de encontrarnos y encontramos la distancia al alcance de la mano.
Vaya sueño éste mágico de vencer el tiempo a cococho de un amor sin caerse. Hace falta una montura mínima. En pelo apretaremos las piernas en vano hasta escurrirnos sin remedio.
Vamos por el hueco del encuentro, la maravilla del encastre.
Pero el rompecabezas es frágil y apenas se recuerdan las figuras… Nos perdemos entonces en pasados que cortaron mal las partes. Algo no encaja de repente. “Y el amor…, y el amor…” como la piedra ya sin tiza no encuentra la casilla que adecuada la contenga para llegar al cielo. Ha llovido. El amor queda en el suelo.




Rodolfo
Flamingo
Paraná – 31-03-11

lunes, 31 de enero de 2011

"ASSENZA" - Poema De Vinicius De Moraes


Io lascerò che muoia in me
il desiderio di amare i tuoi occhi, che sono dolci
Perché nulla ti potrei dare tranne la pena
di vedermi eternamente esausto.
Eppure la tua presenza è una cosa qualunque,
come luce e vita,
ed io sento che nel mio gesto esiste il tuo gesto
nella mia voce, la tua voce.
Io lascerò... tu andrai
e accosterai il tuo viso a un altro viso,
le tue dita allacceranno altre dita
e tu sboccerai verso l'aurora,
ma non saprai che a coglierti sono stato io.
Perché io sono il grande intimo della notte,
perché ho accostato il mio viso al viso
della notte ed ho sentito il tuo bisbiglio amoroso...
...ed ho portato fino a me
la misteriosa essenza del tuo abbandono disordinato.
Io resterò solo, come i velieri nei porti silenziosi,
ma ti possiederò più di chiunque,
perché potrò partire.
E tutti i lamenti del mare, del vento,
del cielo, degli uccelli, delle stelle
saranno la tua voce presente,
la tua voce assente,
la tua voce rasserenata.


(para leerlo en castellano, acceder al link: http://tienesmipalabra.blogspot.com/2008/12/vinicius-de-moraes-brasil-ausencia.html )