jueves, 27 de noviembre de 2008

“Zopapos” en la boca del estómago


Querer
y no poder.
Poder
y no darnos cuenta.
Pensar
y tener que callar
Amar
y ser desamado.
O peor:
ser desamador
y que te amen.
No ser escuchado.
Creer hasta
el descreimiento.
Querer soñar
y no poder dormirse
No acabar
lo comenzado
(y recordarlo)
No animarse
No entender
al otro.
No ser entendido.
No aceptar y ser
desaceptado.
Buscarse
y encontrar
lo no querido.
Que nos digan “no”
cuando anhelábamos.
Que nos digan “sí”
cuando temíamos.
En fin que son varios
los modelos y modales.
Sin pasar por la infancia
y esas cosas
tontas...
¡qué sé yo...!
los sueños por ejemplo.
Mi viejo
que no estuvo.
Mi vieja
que no está.
Mientras el metro
nos hacía
creer
que crecíamos.

Volar
y que te bajen
de un hondazo
de hipocresía ajena,
y al caer y reventar
vernos la propia hipocresía.

Y la palabra,
la que hiere
la que nada hace crecer
la que sólo
es sonido,
la que nunca
pronunciamos.

Y también,
y por qué no,
un buen sopapo
pegado
en el la boca
del estómago.


Rodolfo Augusto Nasta

lunes, 24 de noviembre de 2008

La fantástica biografía de Oflodor Atsan



Oflodor Atsan vivió hace muchísimo tiempo, en el lejano y hermoso oasis del desierto de Amún, llamado Edrev-ed-Ála.

Decepcionado por una existencia gris y vacía, era muy anciano ya cuando Dios lo iluminó, y en una noche de vejez e insomnio, le marcó el verdadero camino de su vida. “Tanto tiempo buscándolo” - pensó - y recién ahora, que ya es tarde, lo sé”.
Pasó meditando largas noches a la luz de las fogatas beduinas, oyendo las misteriosas y mágicas voces del desierto, los breves resoplidos de las bestias de carga; olfateando los sabores de aquellas comidas picantes y sabrosas y escuchando, con no poca nostalgia, las músicas que brotaran de alguna cítara o algún derbake perdidos entre las carpas.

Al fin de tan largas cavilaciones, Oflodor encontró la solución a su desasosiego: decidió morir. Y así lo hizo, cuando las luces del alba comenzaron a sonrosar las dunas.

Al cabo de su muerte, recuperó los fuertes dolores que tenía en su vejez y poco a poco los fue olvidando. Comenzó a caminar más erguido y un día se sorprendió haciéndolo junto a las cabras sin su báculo, apoyo siempre a la par de sus sandalias.. . El sol comenzó a tornar renegridos nuevamente sus cabellos y hubo de recuperar su viejo y raído turbante para menguar el calor del mediodía. Las fuerzas retornaron a sus músculos y su voz canturreó un día, casi sin querer, aquella melodía que heredara de sus mayores. Cuando se unió al grupo de viejos compañeros, trashumantes del desierto, resolvieron comenzar con alegría y juveniles fuerzas, a desandar vidas y conquistar muchachas de ojos renegridos y perfumes tentadores. A Oflodor se le desató la adolescencia, escribiendo afanoso en un viejo cuaderno, versos de amor en su idioma natal: el árabe. Cuanto más escribía, más pensaba en lo que no lo había hecho antes. Las flores de los versos lo volvieron más joven aún, y los juegos de la infancia sembraron en sus pupilas ansiosas montones de universos a descubrir. Cuando con dedos regordetes de niño apenas si contó hasta diez estos caminos a seguir, decidió nacer.

Y así lo hizo, cuando el crepúsculo tendía su algodonado manto de púrpuras y azules sobre el cielo, y entonces una primera estrella se posó para siempre en su frente, mostrándole el camino.
.............................................................................................................................................

Oflodor Atsan murió en julio de 1837 y nació en abril de 1932, a los 95 años de su muerte. Desde entonces es uno de los más célebres exponentes de la poesía Árabe, en la cual reivindica con maestría el derecho a la libertad de los pueblos de la región del Creciente Fértil.

Rodolfo Augusto Nasta

A veces hay que sacarse los zapatos...



Zambullirse entre
sus pechos
habría sido
un salto
de altura
victoriosa
inmensa.
Sólo tendría
que haber
aprovechado
sus ojos trampolín
su impulso perfume
y haberme quitado
mis pesados
zapatos prudencia.


Rodolfo Augusto Nasta

jueves, 20 de noviembre de 2008

Sólo de a dos...


Sólo de a dos
entre sábana y sábana
mecidos en decires
apenas susurrados
colando a través
de los sentidos
sus savias desparejas...
ella toda él...
él todo ella
Afuera (el resto)
quedó
un mundo en miniatura
Los gigantes
ya dormían
su descanso.
Entre sábana y sábana
o sobre...
Nadie nunca lo supo.
Solo ellos

Rodolfo Augusto Nasta
Paraná, noviembre de 2008

miércoles, 19 de noviembre de 2008

La siesta no siempre es para dormir...


Llueve en primavera

Estoy cansado
de novelas densas
con dramas convulsivos,
peripecias
y amores desgraciados
con más lágrimas
que orgasmos.

Vamos a ver
es este día
de primavera en gris
pasame un folletín
alegre y despreocupado
un poco húmedo de lluvia
algo fragante de tus manos
si es posible con
estampas sugestivas
colores brillantes
y final feliz,
adivinado
cosa que no sufra
la esperanza
me alegre el día
me distienda el alma
tenga ganas de llamarte
y que me quieras un ratito
a lo largo de la tarde
a lo ancho de mi cama.

Mañana habrá sol.
y en otros suelos
dejaremos nuestras
sombras cotidianas.


Rodolfo
Del grabador al papel
en la siesta del
24 de octubre de 2008

lunes, 17 de noviembre de 2008

- CACHARRO -


Hay palabras
para decir
de a dos
cual manos
acariciando barro.
¡Corré....!,
traeme un beso
de regalo
para guardar en
mi boca
el molde de
tus labios.
Luego veremos
cómo sale este
cacharro.


Rodolfo Augusto Nasta

sábado, 15 de noviembre de 2008

- INUNDACIONES -


Primera inundación. Acariciante, temeraria, decidida, lenta, intrépida, despertando, avanza…. Vaivenes de dulzura demorada y nuevos centímetros de piel acariciada. Sólo es eso: una primera inundación de mi ser por tu mano.

Segunda inundación. Ya estaban los húmedos terrenos esperando la nueva caricia recibida. Mis arterias fueron alzando sus ropajes de plácido deseo. Y más tibieza, más bruma en el vidrio milenario, tornaron los hielos en un sueño. Me dejo estar. Tu voluntad avanza. Mis ansias te convocan. Tus manos modelando inesperadas verticales. Y vos llegando a centímetros de besos cubriendo de humus verdecido mis arenas absorbentes.

Tercera inundación. Los tres elementos primigenios avanzaron decididos. Van fundidos regando la simiente de esto que nos crece. Va tu fuego por mi agua acariciada, por el aire de suspiros y palabras. La fonética del habla entorpece la rima de los cuerpos. Callados, con gestos estridentes, nos crecen en los ojos los mensajes más auténticos. Cubres con tacto de labios y caricias dactilares mis sombras derrumbadas. Purificas lo estéril y germinas mis sueños levantando el canto victorioso de tu entrega en mis adentros.

Cuarta inundación. Era esperable llegar a los límites. Las alturas fueron vencidas. Las profundidades fueron conquistadas. Fueron los tiempos de las turbulencias, de los sismos y mareas. Los cuerpos se nos tornaron territorios fantásticos. Las manos crecieron en la vastedad de las pieles. Cruzamos a través de vientos gemidores túneles de tiempos demorados. Era previsible. No podíamos quedar en nuestros continentes sin acercarnos y fundirnos. Convulsión y espasmos de geologías ancestrales, nos vinimos uno al otro. Nos partimos en diluvios de susurros. Lo que no se dice sino en lo más recóndito de dos nos brotó a borbollones en nuestras bocas sedientas. Nos adentramos, esperamos, conquistamos. Saciadas apenas las imaginaciones, construimos a besos y mordiscos nuestro barco desafiante. Y soltamos amarras.

------

Pero antes anotamos en papel para lanzarlo en la botella:
Con todo lo antiguo renovado en la sangre de los dos. Con todos los gallardetes al viento. Las manos conjuntas aferran el timón. Firmes la velas de nuestros cuerpos enlazados, nos trepamos a esto nuevo que nos pasa, que nos vive, que nos deja como detrás de una distancia nebulosa, y allá vamos, coraje y deseo, sobrevivientes de todas las mareas, en busca de otros naufragios, esta vez hundiéndonos al cielo.

Rodolfo
Paraná

viernes, 14 de noviembre de 2008

- GUITARRA -

Entrecerró los ojos y sus pestañas magicaron esa realidad que la rodeaba.
.....................................................................................

El telón hecho con el olor de los jazmines se tornaba invisible. Las bambalinas, transparentes como cristal de aire brillaban con oros inexistentes. Todo estaba preparado. El auditorio esperaba con inquieta pero respetuosa impaciencia.
Ella no se hizo rogar.
Con ademanes firmes subió la escalerita silla y con un par de pasos alegres se plantó en medio de aquél magnífico escenario mesa.
El menudo público aplaudió, desde sus butacas banquito o caso simplemente cola en el suelo, con adelantado fervor.
Con la decisión y entusiasmo de quien sabe lo que hace empuñó la escoba guitarra. El mástil de áspera madera, la caja de pajas gastadas de través y el cordaje colorido..., verde..., rojo....verde otra vez... y amarillo, cobraron vida en sus larguiruchos brazos y nadie del infantil auditorio dudó un instante en que esa era la mejor de todas las guitarras.
Luego del silencio correspondiente, comenzó a cantar. Su voz clara y dulce se elevó desde una imaginaria partitura, y con la fiel memoria de los niños cantó, de un tirón y sin saltearse una estrofa, aquella vieja zamba que tanto le gustaba escuchar en boca de su madre... “Ha muerto el indio poeta / silencio le hacen lo herques / y en los arroyos de Anta / lloran los sauces su muerte...” Acorde final con aplausos y ojos de asombro ante tamaña habilidad. Ojitos llenos de admiración y orejitas llenas de ...”¡Queremos más...!”
Siguieron entonces, con generosidad, “Zamba de mi esperanza” y “La pulpera de Santa Lucía”. Completado el repertorio, saludó con una graciosa reverencia, que descargó una cascada de rubios bucles en el aire. Sentía en su corazoncito un tic-tac emocionado. Feliz y con el garbo y dignidad de una estrella abandonó el escenario mesa, con su guitarra escoba firme en sus manos.

.....................................................................................

Separó lentamente sus pestañas, como temiendo perder aquella tierna estampa de una niñez modesta, con escasos medios y abundantes sueños. Cincuenta años después, se irguió en su cómodo sillón y abrió su cuaderno de partituras. Con un gesto casi distraído aún de recuerdos, tomó la flamante y lustrosa guitarra, templó sus cuerdas, entrecerró sus ojos, sintió contra su pecho aquella vieja escoba.... Y lloró.


Rodolfo Augusto Nasta

jueves, 13 de noviembre de 2008

Caminando de a poco hacia quienes quieran recibirme

Hoy comienzo a tantear este nuevo camino virtual
acorde de arpa suelto en el aire...
queriendo convencerme a mi mismo
que algunas cosas quedan tras de nuestro paso
y esta maravilla de vivr y gozar
puede compartirse
sin tactos ni susurros