lunes, 24 de noviembre de 2008

La fantástica biografía de Oflodor Atsan



Oflodor Atsan vivió hace muchísimo tiempo, en el lejano y hermoso oasis del desierto de Amún, llamado Edrev-ed-Ála.

Decepcionado por una existencia gris y vacía, era muy anciano ya cuando Dios lo iluminó, y en una noche de vejez e insomnio, le marcó el verdadero camino de su vida. “Tanto tiempo buscándolo” - pensó - y recién ahora, que ya es tarde, lo sé”.
Pasó meditando largas noches a la luz de las fogatas beduinas, oyendo las misteriosas y mágicas voces del desierto, los breves resoplidos de las bestias de carga; olfateando los sabores de aquellas comidas picantes y sabrosas y escuchando, con no poca nostalgia, las músicas que brotaran de alguna cítara o algún derbake perdidos entre las carpas.

Al fin de tan largas cavilaciones, Oflodor encontró la solución a su desasosiego: decidió morir. Y así lo hizo, cuando las luces del alba comenzaron a sonrosar las dunas.

Al cabo de su muerte, recuperó los fuertes dolores que tenía en su vejez y poco a poco los fue olvidando. Comenzó a caminar más erguido y un día se sorprendió haciéndolo junto a las cabras sin su báculo, apoyo siempre a la par de sus sandalias.. . El sol comenzó a tornar renegridos nuevamente sus cabellos y hubo de recuperar su viejo y raído turbante para menguar el calor del mediodía. Las fuerzas retornaron a sus músculos y su voz canturreó un día, casi sin querer, aquella melodía que heredara de sus mayores. Cuando se unió al grupo de viejos compañeros, trashumantes del desierto, resolvieron comenzar con alegría y juveniles fuerzas, a desandar vidas y conquistar muchachas de ojos renegridos y perfumes tentadores. A Oflodor se le desató la adolescencia, escribiendo afanoso en un viejo cuaderno, versos de amor en su idioma natal: el árabe. Cuanto más escribía, más pensaba en lo que no lo había hecho antes. Las flores de los versos lo volvieron más joven aún, y los juegos de la infancia sembraron en sus pupilas ansiosas montones de universos a descubrir. Cuando con dedos regordetes de niño apenas si contó hasta diez estos caminos a seguir, decidió nacer.

Y así lo hizo, cuando el crepúsculo tendía su algodonado manto de púrpuras y azules sobre el cielo, y entonces una primera estrella se posó para siempre en su frente, mostrándole el camino.
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Oflodor Atsan murió en julio de 1837 y nació en abril de 1932, a los 95 años de su muerte. Desde entonces es uno de los más célebres exponentes de la poesía Árabe, en la cual reivindica con maestría el derecho a la libertad de los pueblos de la región del Creciente Fértil.

Rodolfo Augusto Nasta

4 comentarios:

Plasoaris dijo...

La verdad es que serán muchos los que encuentren los verdaderos caminos cuando sea demasiado tarde para recorrerlos o... quizás nunca sea demasiado tarde para recorrer esos caminos.

Un saludo.

Mucha de la Torre dijo...

Los caminos de la vida que hacemos a diario ...y nos llevan por senderos que a veces no buscamos.
besos

Rodolfo Nasta dijo...

Cierto tu decir PLASOARIS. Y cuantos serán quizá los escondidos senderos que no veremos al estar encandilados por las "luces" de otros caminos de compraventa...
Valga el esfuerzo de buscar. Mentira es aquello de "nunca es demasiado tarde", pero quién te dice...
Un fraterno saludo

Rodolfo Nasta dijo...

Mucha querida: Compay Segundo lo cantaba en alguna canción, que no recuerdo: "...no dejes el camino por coger la vereda..."
A veces la brújula nos hace una mala pasada, pero el instinto y el lucero del amor nos rescatan.
Abrazo y beso