sábado, 15 de noviembre de 2008

- INUNDACIONES -


Primera inundación. Acariciante, temeraria, decidida, lenta, intrépida, despertando, avanza…. Vaivenes de dulzura demorada y nuevos centímetros de piel acariciada. Sólo es eso: una primera inundación de mi ser por tu mano.

Segunda inundación. Ya estaban los húmedos terrenos esperando la nueva caricia recibida. Mis arterias fueron alzando sus ropajes de plácido deseo. Y más tibieza, más bruma en el vidrio milenario, tornaron los hielos en un sueño. Me dejo estar. Tu voluntad avanza. Mis ansias te convocan. Tus manos modelando inesperadas verticales. Y vos llegando a centímetros de besos cubriendo de humus verdecido mis arenas absorbentes.

Tercera inundación. Los tres elementos primigenios avanzaron decididos. Van fundidos regando la simiente de esto que nos crece. Va tu fuego por mi agua acariciada, por el aire de suspiros y palabras. La fonética del habla entorpece la rima de los cuerpos. Callados, con gestos estridentes, nos crecen en los ojos los mensajes más auténticos. Cubres con tacto de labios y caricias dactilares mis sombras derrumbadas. Purificas lo estéril y germinas mis sueños levantando el canto victorioso de tu entrega en mis adentros.

Cuarta inundación. Era esperable llegar a los límites. Las alturas fueron vencidas. Las profundidades fueron conquistadas. Fueron los tiempos de las turbulencias, de los sismos y mareas. Los cuerpos se nos tornaron territorios fantásticos. Las manos crecieron en la vastedad de las pieles. Cruzamos a través de vientos gemidores túneles de tiempos demorados. Era previsible. No podíamos quedar en nuestros continentes sin acercarnos y fundirnos. Convulsión y espasmos de geologías ancestrales, nos vinimos uno al otro. Nos partimos en diluvios de susurros. Lo que no se dice sino en lo más recóndito de dos nos brotó a borbollones en nuestras bocas sedientas. Nos adentramos, esperamos, conquistamos. Saciadas apenas las imaginaciones, construimos a besos y mordiscos nuestro barco desafiante. Y soltamos amarras.

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Pero antes anotamos en papel para lanzarlo en la botella:
Con todo lo antiguo renovado en la sangre de los dos. Con todos los gallardetes al viento. Las manos conjuntas aferran el timón. Firmes la velas de nuestros cuerpos enlazados, nos trepamos a esto nuevo que nos pasa, que nos vive, que nos deja como detrás de una distancia nebulosa, y allá vamos, coraje y deseo, sobrevivientes de todas las mareas, en busca de otros naufragios, esta vez hundiéndonos al cielo.

Rodolfo
Paraná