jueves, 15 de enero de 2009

Encuentro


Yo presentí que nos íbamos a entender. Pude desamarrarme de mis palabras, mirar tus ojos y escucharte con mi prehistórico instinto animal. Compartimos el valor de un día de sol, la mansa canción del agua, el brillo misterioso de las piedras. Anduvimos la orilla del lago: vos en tu cuatro por cuatro, yo en mi dos por uno. Fuimos felices, sí. Fue bueno conocerte. Antes de irme te bauticé Sheerazade. Porque supe que me hubieses acompañado mil y una noches. Y me pareció que Rimsky-Korsakov me hablaba con su música desde las pequeñas olas.
Cuando me fui, volví la mirada para verte por última vez.
Me sentí un perro


Rodolfo Augusto Nasta