lunes, 1 de junio de 2009

Orden en los cajones...


¿Qué hacer con tus cartas…?,
último vestigio
de esa gentil costumbre
de la escritura manuscrita.
No es fácil ese pequeño
edificio de papel que debe
caber en un sobre.
No es fácil concatenar
cada ladrillo palabra
sin dudas ni enmiendas;
y en apretada síntesis,
perfumada de olores
propios del obrero escribiente,
hacer crecer la caricia voladora,
o la lanza de los celos,
la tersura de la buena noticia,
o la aspereza de las penas.

¿Qué hacer con tus cartas…?,
último refugio del ayer,
empaquetado e ignorado
con premeditado olvido
que esconde su siempre presente

Un día de estos
llegaré a la puerta
del edificio de correos.
Mis manos temblorosas
entregarán el paquete
(papel madera, piolín y broches rojos),
para retornarte
en un último sismo de amor
todas las turbaciones del ayer.

¡Quién tuviera
el aviso de retorno
de tus ojos asombrados!