viernes, 1 de octubre de 2010

Un sobre de azúcar y...


El diario pasaba distraído bajo mis ojos.
“Nos encontramos en el café”-, había dicho ella. Su voz al teléfono había sonado alegre y decidida.

El mozo depositó las dos tacitas en mi mesa de siempre. Acostumbrado a verme solo, me miro con un aire de curiosa complicidad y se fue. Era nuestro primer café compartido, y a mi usanza anticuada, yo tomé un sobrecito y pregunté

- ¿Azúcar o...?
No me dejó terminar. Con voz susurrada me dijo:
- Uno de azúcar, y dos besos…-

Me tomó por sorpresa. Sonreía esperando que cumpliera su pedido. Yo, algo turbado, miré el familiar entorno. Rasgué un sobrecito de azúcar y volqué el contenido en su taza. Luego, como a sabiendas de una travesura, tomé con mis manos las suyas y deposité en cada una un leve beso.
- ¿Así está bien?-, pregunté
Me miró con picardía, tomó la tacita y bebió su café.


Rodolfo Nasta
Paraná, Abril de 2009.