lunes, 27 de junio de 2011


Raro el milagro de tus ojos
en la pantalla casi adivinados.
Levantas la mirada y tu esencia
me llega en bytes a cientos de kilómetros.

Tanta vida vivida sin saberte…
Tanto sueños sin soñarte…
Tanto camino recorrido sin tenernos de la mano.

Y un día… ¿Serás vos?
Y sí, eras vos. Era yo.
Y allí comenzamos a estar.

La misma noche que te fuiste
a dormir tu cansancio,
un duende o ángel de la guarda
nos desveló al unísono.
Compartimos esa primera vigilia
en relatos casi adolescentes.
Algo cambiaba.

Hoy apenas nos llegamos
en un juego audiovisual
de besos y sonrisas;
de “no te vayas todavía”,
o “¿dónde estabas que no se te veía?”

No sé “qué” eres, y allí estás.
Y yo aquí, años frente a un monitor,
pucha,
y al final del camino te apareces.
lejanamente ansiada.
Refunfuño alguna palabra inconveniente.
Me dejo estar mirando el río
pero el rabillo del ojo me traiciona
y busco tu “¿Estás…?” en mi pantalla…