viernes, 16 de noviembre de 2012

Buceador

Buceador de tus cuencas
me arrojo con mis manos
apartando corales
desmenuzando algas
buscando los refugios
más profundos.

Te transformas
en explosión de burbujas.
Emerjo lleno de vos
y tu olor marino
me genera la magia
de alcanzar el cielo.


Rodolfo
En cierto mar, en ciertos momentos
Marzo de 2012.

martes, 13 de noviembre de 2012

- ACASO... -

Tal vez
se enamoró de la mujer
que no debía.

Ella dedicó los mejores
espacios de su vida
a forjar un futuro
sin desvelos.
Y así quedaron huérfanos
los tiempos
que el amor requiere.

Hoy
ella vive aquél futuro
y acaso está segura.
Más es sola
y desganada su alegría.
No es tibia la morada
que ya no es compartida.

El tiempo pasó con su porfía.

Tal vez él siga
enamorado de ella
o recuerde acaso
cuanto la quería.

Mas el tiempo pasa en su porfía...

domingo, 24 de junio de 2012

- El vuelo inmóvil -

Con la música llega rondando despacio
alguna imagen, acaso un recuerdo
fotografiado en la memoria.
La vida afuera toma los sonidos
del Sábado a la noche.
Voces sin frío, juveniles
y motores sin sigilo ni prudencia.
Yo me bajo deslizando la pared,
apenas sombra o desmesurada audacia,
por el frente de mi torre.
Diez pisos o diez suelos o diez vuelos…
No importa el tiempo
ni la luz de la inmutable lámpara.
vertebrada en la paredes
Esquivo el pensamiento rutinario
y voy a pernoctar en otro espacio.
Mahler me lleva de su mano sinfónica
y me quiebra esta tontería
de quedar mirando mis espacios
con ojos casi ciegos
y desde la vertiginosa acera
levanto vuelo hasta tu pecho.


Rodolfo
Al correr de las teclas
Hoy, Sábado 23 de junio de 2012
en Paraná

viernes, 22 de junio de 2012

- EL ÚLTIMO INSTANTE... –

¿A quién mirarías en el último instante de tu vida?
¿La imagen de que ser quisieras llevarte contigo en la retina
que quedará ciega en las tinieblas... ?

¿A quién besarías en el último instante de tu vida?
¿El sabor y roce de qué labios quisieras conservar
en tu postrer sonrisa detenida e inmóvil... ?

¿A quien su mano tomarías en el último instante de tu vida?
¿La tibieza de que tacto quisieras sentir entre tus dedos
ya casi adormecidos de rigidez final...?

¿A quién evocarías en el último instante de tu vida?
¿El recuerdo de qué ser acudiría presuroso a tus neuronas
en su última eléctrica vibración...?

No puedes contestarlo.
No puedes elegirlo.
No quisieras saberlo.

Sería la angustia total e irremediable
de saber de antemano
el momento de tu muerte.

Seria la alternativa desgraciada
de tener que elegir
entre tus hoy queridos,

y plantearte en el instante
si serán los mismos que acompañen
tu último suspiro, tus últimos instantes.

No temas:
nada te asegura morir acompañado.


Rodolfo Augusto Nasta
de la serie “Dulzura e ironías”

martes, 6 de marzo de 2012


- De cuando dieron setenta y un días de ventaja … -

En un lado del mundo, el día se desperezaba apenas con un sol oblicuo alumbrando ajenos horizontes.
En el otro lado, la luna levantaba rielando su disco celeste sobre el viejo río conocido.

Entre cada uno de los lados sólo había medio giro terráqueo. Sólo había la infinita soledad de los cuerpos. Apenas una débil trama de evocaciones crecía en el espacio en un intento desesperado de unirlos.

Ella no lo supo nunca. Sus ojos buscadores de otros cielos no vieron caer la estrella fugaz. Allá era de día…

Hicieron la apuesta equivocada.
A la muerte no se le puede dar ventajas.



Rodolfo Augusto Nasta
Paraná, 27 de septiembre de 2011.
En una mesa de un bar “del lado de acá”.


Acotación sin importancia: fue conjurado el sortilegio al amparo de los ojos en los ojos cuando giraron en un mismo meridiano nuevamente...

domingo, 8 de enero de 2012

Cuando se siente la ausencia



Si se reuniera todo lo escrito sobre la ausencia, seguramente se lograría una gigantesca colección de gruesos volúmenes.
Algunos escritos míos figurarían quizá en tan extraña antología.
Pero hoy, en este enero del año 2012, a mi veterana edad cronológica, y en mi sensible visión de la vida, quizá un tanto más adolescente; hoy, yo digo, afirmo, que sobre la ausencia no se puede escribir.
Quizá se puedan des-cribir ausencias. Las de las novelas románticas. Las de amorosas crónicas de los largos viajes en la antigüedad. Acaso de cuando se nos perdió, allá en la infancia, nuestro perro a quién amábamos.
Pero la ausencia que se vive desde adentro. La de “otro-que-no-está”…, esa es imposible.
Podría estar horas enteras frente a mi computadora escribiendo. Seguramente lograría con mi veteranía en este oficio de escribidor, llenar varias páginas de desgarradores lugares comunes. Puede alguien descreer de esto, y hasta respeto esa opinión, pero basta con ponerse a observar un día cualquiera de transcurrir una ausencia y seguramente nos damos cuenta de que es imposible escribir sobre ella.
El no-estar nos acompaña como nuestra respiración, en un acto tan involuntario como necesario.
El primer bostezo de la mañana. El desayuno mirando la sola taza sobre el mantel. El resto de las actividades del día, con ese gnomo irónicamente juguetón que nos habita. Lo llevaremos al bar, a la casa de generosos amigos. Irá en nuestro interior cuando salgamos a hacer cosas que lo sofoquen. Es inmune. Ahí va a estar, nos guste o no.
A transar entonces en esa convivencia con la ausencia. A hacer pactos de no agresión. Será parte de nuestras cotidianas acciones y se irá acostumbrando a este raro estar en nosotros. A la vez, en nuestro interior deberemos buscarle un lugarcito cómodo. No se puede hacer más
Pero algo es definitiva y fatalmente cierto: no podré escribir sobre ella.
Se asemeja a mis entrañas. Las siento, pero no las veo. Nos necesitamos mutuamente: ellas para ser contenidas por mi cuerpo y yo para vivir con ellas dentro.
Me quedo pensando… Quizá el silencio sea su mejor relato.


Rodolfo, Córdoba, 03 de enero de 2012.