martes, 6 de marzo de 2012


- De cuando dieron setenta y un días de ventaja … -

En un lado del mundo, el día se desperezaba apenas con un sol oblicuo alumbrando ajenos horizontes.
En el otro lado, la luna levantaba rielando su disco celeste sobre el viejo río conocido.

Entre cada uno de los lados sólo había medio giro terráqueo. Sólo había la infinita soledad de los cuerpos. Apenas una débil trama de evocaciones crecía en el espacio en un intento desesperado de unirlos.

Ella no lo supo nunca. Sus ojos buscadores de otros cielos no vieron caer la estrella fugaz. Allá era de día…

Hicieron la apuesta equivocada.
A la muerte no se le puede dar ventajas.



Rodolfo Augusto Nasta
Paraná, 27 de septiembre de 2011.
En una mesa de un bar “del lado de acá”.


Acotación sin importancia: fue conjurado el sortilegio al amparo de los ojos en los ojos cuando giraron en un mismo meridiano nuevamente...