jueves, 29 de marzo de 2018


Fue el reencuentro,

después de tanto

deambular.

Chispazo, llamarada,

fundición y abrazo

de los cuerpos

que tanto se buscaran.



Acaso con lágrimas

conjuraron

tanta ausencia

en solemne ceremonia

de pieles, manos

y bocas

reencontradas.



Luego fueron

los relojes.



Hubo entonces

un nuevo adiós,

ahora con el alma

llenita de amor.



Se despidieron.

Más bellos

y fuertes.

                    Acaso enamorados…





Rodolfo Augusto Nasta


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